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¿Es peligroso el pecho hundido (pectus excavatum)? Lo que dice la evidencia

  • hace 4 horas
  • 9 min de lectura

El pectus excavatum es una diferencia congénita de la pared torácica en la que el esternón y los cartílagos costales que se unen a él se hunden hacia adentro. La literatura médica señala que las diferencias de tipo pectus representan alrededor del 95 % de las diferencias congénitas de la pared torácica, y que el pectus excavatum es la más frecuente de ellas [1].​‌​‌​​​​​‌​​​‌​‌​‌​​​​‌‌​‌​‌​‌​​​‌​‌​‌​‌​‌​‌​​‌‌​‌​​‌‌​​​‌​​​​​‌​‌​​​​‌​ Coloquialmente, esta apariencia también se conoce como «pecho hundido» o «tórax en embudo».

Una guía de consenso internacional reciente, elaborada conjuntamente por varias sociedades especializadas, indica que las diferencias de tipo pectus se presentan en aproximadamente 1 de cada 250 personas, que la mayoría las tolera bien y que en una parte de los casos existe una afectación psicológica, física o ambas [2]. Es decir, el enfoque de la literatura no es que esto sea peligroso para todos, sino: ¿existe una afectación medible en esta persona y, si la hay, de qué magnitud?

El impacto psicológico del pectus excavatum es un aspecto real y documentado, no solo estético.

El objetivo de este artículo no es establecer un diagnóstico ni dar consejo médico personalizado, sino transmitir en un lenguaje sencillo lo que realmente dicen las publicaciones. Al buscar este tema en internet suelen aparecer afirmaciones alarmantes y presentadas como absolutas. A continuación se abordan primero los efectos conocidos descritos en la literatura y después los miedos frecuentes que suelen estar sobredimensionados. Temas como la esperanza de vida no se tratan en este artículo; ese tipo de preguntas solo puede responderlas un médico que conozca los resultados de la exploración y las pruebas de cada persona, no un artículo de blog.

¿Con qué frecuencia se presenta y en quién es más evidente?

La literatura indica que el pectus excavatum aparece aproximadamente en 1 de cada 300 a 1.000 nacidos vivos, siendo la diferencia de pared torácica más frecuente [1]. Se señala que es unas 5 veces más frecuente en varones. También se recoge que existen antecedentes familiares en el 35-40 % de los casos, lo que sugiere una posible predisposición hereditaria [1].

Lo marcado del hundimiento puede cambiar con el tiempo. Se indica que la mayoría de los casos se detectan en los primeros años de vida, y que el estirón de la adolescencia se asocia con frecuencia a que el hundimiento se vuelva más visible [1]. Por eso, que la apariencia cambie durante el crecimiento no es algo inesperado; tiene sentido que las familias hagan seguimiento durante esta etapa.

El pectus excavatum puede presentarse solo o junto con otros hallazgos. La literatura señala que las diferencias musculoesqueléticas (como la escoliosis o la cifosis) se encuentran con frecuencia junto a las diferencias de tipo pectus, y que en algunos casos el cuadro puede formar parte de síndromes genéticos como el síndrome de Marfan [1]. Esto no significa que todas las personas con esta condición tengan un síndrome de este tipo; solo explica por qué la evaluación médica no se limita a mirar una sola zona.

Efectos conocidos sobre el corazón y la respiración

La mayoría de los efectos descritos en la literatura aparecen durante el esfuerzo, no en reposo. Según los hallazgos reportados, puede detectarse una disminución del volumen de sangre que el corazón bombea en cada latido, lo cual se relaciona con una menor capacidad de ejercicio; valores normales en reposo pueden situarse por debajo de lo esperado con un esfuerzo moderado [1]. En las pruebas respiratorias se han descrito reducciones de leves a moderadas [1].

Los estudios sobre la causa de estos efectos muestran que el problema no puede explicarse solo por el «volumen pulmonar». En las publicaciones que revisan el tema se discute que la limitación de la capacidad de ejercicio parece estar relacionada principalmente con el rendimiento cardiovascular, y que no se explica únicamente por la falta de entrenamiento [3]. Los estudios sobre el movimiento de la pared torácica también han mostrado una disminución del movimiento respiratorio en la zona hundida [4].

Los hallazgos sobre la posición y el ritmo del corazón también forman parte de la evaluación. Según lo reportado, en el pectus excavatum el corazón suele desplazarse hacia la izquierda; esto puede reflejarse como una desviación del eje en el electrocardiograma, y se han descrito diversos hallazgos de ritmo en el 16 % de los pacientes [1]. La presencia de estos hallazgos no significa automáticamente una enfermedad cardíaca grave; el médico debe valorar el conjunto con pruebas como el ecocardiograma.

La gravedad y los síntomas no siempre coinciden

Uno de los detalles más importantes es que la profundidad del hundimiento visible desde fuera no siempre va en la misma dirección que la molestia que siente la persona. La literatura señala claramente que las molestias que refieren los pacientes no siempre coinciden con los resultados numéricos de las pruebas cardiopulmonares [1]. Es decir, un hundimiento que se ve profundo puede acompañarse de pocas molestias, mientras que un cuadro menos visible puede generar dificultad con el esfuerzo.

Los índices usados para medir el hundimiento ayudan a decidir, pero no deciden por sí solos. En el índice de Haller, calculado a partir de la tomografía computarizada, un valor de 2,5 o menos se considera normal, mientras que valores por encima de 3,2 se clasifican como graves; en personas con un índice superior a 7 se ha reportado que la probabilidad de un patrón restrictivo en las pruebas respiratorias es aproximadamente 4 veces mayor [1]. Además, en grupos más amplios de pacientes se ha demostrado que la función respiratoria disminuye a medida que aumenta la gravedad del hundimiento [5].

De esto se desprende una advertencia en dos sentidos. Por un lado, la idea de que una apariencia leve no requiere revisión alguna no es correcta. Por otro lado, tampoco es lo que dice la literatura que un hundimiento profundo signifique automáticamente una enfermedad grave. El camino correcto es una evaluación que considere juntos la apariencia y las molestias.

Miedos frecuentes que están sobredimensionados

«Esto siempre requiere cirugía» es una suposición habitual que no coincide con la literatura. Se indica que el criterio principal para decidir una cirugía no es la preocupación estética, sino el deterioro de la función cardiopulmonar [1]. La guía de consenso también aborda, de forma independiente, opciones no quirúrgicas como el seguimiento, el apoyo psicológico, el uso de ortesis y la campana de vacío entre las alternativas de tratamiento [2].

La expectativa de que «con la cirugía todo vuelve a la normalidad» tampoco debe darse por sentada. Una revisión sistemática reciente con metaanálisis que reúne 15 estudios no encontró un cambio significativo en el consumo máximo de oxígeno antes y después de la corrección quirúrgica [7]. También se recogen observaciones de que las mejoras iniciales en las pruebas respiratorias tienden a disminuir con el tiempo [1]. Un cambio en la apariencia no es lo mismo que un cambio en el rendimiento medible.

Frases como «la mala postura causa esto» o «el ejercicio lo corrige por completo» tampoco reflejan lo que muestra la literatura. Los mecanismos exactos aún no se conocen del todo, pero las explicaciones relacionadas con el desarrollo del esternón y el cartílago son las más aceptadas [1]. El trabajo postural y los ejercicios respiratorios pueden ser valiosos para la salud general, pero estas fuentes no respaldan la idea de que por sí solos cambien la forma estructural de la pared torácica.

El enfoque de que esto es solo cuestión de apariencia y por eso no importa es un error en sentido contrario. Como se ve en el siguiente apartado, los efectos psicológicos y sociales son temas medidos y descritos en la literatura, no un área que pueda despacharse como «solo estética».

Los efectos psicológicos y sociales no deben subestimarse

La literatura señala que una persona puede experimentar malestar psicológico relacionado con su apariencia incluso sin ninguna molestia física [1]. Un estudio que comparó con un grupo control encontró puntuaciones de calidad de vida más bajas y una imagen corporal más negativa en personas con pectus excavatum y pectus carinatum [6]. Estos efectos se vuelven especialmente visibles durante la adolescencia.

Por eso, la pregunta de si es peligroso no puede responderse solo con mediciones del corazón y los pulmones. Para algunas personas, la carga principal puede ser no quitarse la camiseta en la piscina, evitar la clase de educación física o pensar constantemente en su apariencia. Que la guía de consenso aborde el apoyo psicológico como un apartado propio del tratamiento no es casualidad [2].

¿Cuándo es necesaria una evaluación?

Se recomienda un seguimiento regular incluso sin molestias. En el pectus excavatum leve, la mayoría de las personas tienen pocos síntomas o ninguno; aun así, se recomienda una evaluación cardiopulmonar cada 1-2 años para registrar un punto de partida y vigilar cualquier cambio [1].

También se han definido situaciones en las que hay que consultar al médico sin demora. El dolor torácico, la sensación de palpitaciones y la dificultad para respirar con el esfuerzo se cuentan entre las molestias que la literatura asocia directamente con este cuadro [1]. Si aparecen estas molestias, corresponde al médico determinar si están relacionadas con el pectus excavatum o con otra causa.

A qué especialidad acudir es también una pregunta frecuente. En niños, cirugía pediátrica; en adultos, cirugía torácica, son las especialidades habituales; algunos centros cuentan con equipos multidisciplinarios con experiencia en este tema, y las guías actuales recomiendan este tipo de enfoque en equipo [2]. El registro fotográfico y, cuando es necesario, la prueba de función respiratoria, el electrocardiograma y el ecocardiograma figuran entre las recomendaciones actuales de consenso [1].

¿Qué lugar ocupan los enfoques no quirúrgicos?

Entre los métodos no quirúrgicos, la campana de vacío, que aplica presión negativa sobre la pared torácica, se trata como un apartado independiente en la literatura. Según lo reportado, este método ofrece una alternativa en personas seleccionadas, especialmente en hundimientos menos marcados y en grupos de edad más jóvenes en los que la cirugía no se considera apropiada antes de la pubertad. También se indica claramente que los resultados a largo plazo todavía se están investigando [1][8].

La lógica de este enfoque se basa en una aplicación controlada y regular durante el período en que la pared torácica todavía es flexible. La literatura discute que la duración del uso, la frecuencia y el seguimiento están relacionados con el resultado; por eso, el plan lo define el médico de forma individual y requiere controles periódicos [8]. No se trata de un programa estándar aplicado de la misma manera a todas las personas.

Pectuslab desarrolla y fabrica dispositivos en este campo. Los modelos Gvacuum Vakum Bel Manuel y Gvacuum Dynamic Lite Vakum Bel, disponibles actualmente para el pectus excavatum, son dispositivos de campana de vacío que se utilizan cuando el médico lo considera adecuado; el modelo y la talla apropiados varían según la persona y pueden valorarse poniéndose en contacto. No afirmamos que estos dispositivos garanticen un resultado ni que ofrezcan una tasa de éxito determinada; la decisión debe tomarse con la evaluación de un médico.

Preguntas frecuentes

¿El pectus excavatum es una enfermedad del corazón?

No, el pectus excavatum es una diferencia en la estructura de la pared torácica. Sin embargo, como el esternón hundido puede afectar la posición del corazón y su rendimiento durante el esfuerzo, la evaluación cardíaca forma parte de la valoración [1]. Esto no significa que el diagnóstico en sí sea una enfermedad cardíaca.

¿El hundimiento se profundiza con el tiempo?

Puede cambiar. La literatura indica que lo marcado del hundimiento puede aumentar con el crecimiento, especialmente en relación con el estirón de la adolescencia [1]. Por eso se recomienda un seguimiento regular durante la etapa de crecimiento.

¿Es arriesgado hacer deporte?

Esto es algo que debe decidirse de forma individual, y de la literatura no puede extraerse una prohibición o un permiso general. En la literatura se describe una disminución de la capacidad de esfuerzo [1][3]; sin embargo, quién puede practicar deporte y en qué medida depende de la evaluación del médico, incluyendo una exploración y, si es necesario, una prueba de esfuerzo. Si aparece dolor torácico, palpitaciones o sensación de desmayo durante el esfuerzo, siempre debe consultarse al médico.

¿Es correcto no hacer nada ante un hundimiento leve?

No hacer nada y hacer seguimiento no son lo mismo. Aunque en los cuadros leves la mayoría de las personas tienen pocas molestias, se recomienda establecer un punto de partida y realizar una evaluación cada 1-2 años [1]. Así, cualquier cambio se detecta a tiempo.

Conclusión

La respuesta breve y basada en la literatura a la pregunta de si el pectus excavatum es peligroso es esta: se trata de una diferencia de la pared torácica que la mayoría de las personas tolera bien, mientras que en una parte de los casos genera una afectación física o psicológica [2]. Entre los efectos conocidos se incluyen la disminución de la capacidad de esfuerzo, cambios leves a moderados en las pruebas respiratorias, hallazgos relacionados con el desplazamiento del corazón y malestar relacionado con la imagen corporal [1][3][6].

Lo que suele exagerarse es la pretensión de certeza absoluta. No es cierto que esta apariencia sea necesariamente una enfermedad grave, ni tampoco que sea solo un tema estético; además, la literatura tampoco muestra que la cirugía normalice todos los resultados medibles [7]. El enfoque más adecuado es una evaluación especializada que considere juntos la apariencia y las molestias, para construir un plan de seguimiento personalizado.

Fuentes

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